Hace tiempo que no pasaba por aquí; ya era hora.
La cuestión es que ayer estaba en el Starbucks pasando la mañana leyendo mientras intentaba aclarar mi conjunto de no-ideas.
Al rato se sienta a mi lado, en uno de esos sillones tan cotizados, una japonesita. Todo normal. Además era mona (no mencionaré mi fetiche con la belleza asiática). Bien.
Como si calcara los mismos movimientos que yo mismo hice justo un rato antes, posó su taza cerámica con el holograma Starbucks sobre la mesa, sacó su libro de caracteres japoneses (ahí puede estar la diferencia) y se puso a leer despreocupadamente. Todo normal.
Continúo con mi lectura. Un par de páginas y acabo el capítulo. Hago una pausa. Justo en ese momento la chica me dice en un más que correcto castellano:
_Perdone, ¿sabe que estamos leyendo el mismo libro? --Evidentemente yo nunca podría haberlo averiguado--
Me quedé desconcertado un segundo, tras lo que no pude más que decir:
_Seguro que no es casualidad
El hecho de que el libro fuera La caza del carnero salvaje, primer libro traducido al castellano de Murakami y quizás el menos conocido ( que no el de menor calidad), me da bastante que pensar; aquella situación podría ser perfectamente digna de un pasaje de cualquiera de sus libros. Curioso sin más.
Lo que no puedo dejar de pensar es que nada ocurre porque sí; nada es aleatorio ni circunstancial. Todo responde a esa inalcanzable teoría del caos que paradójicamente todo lo organiza.
Si no, de verdad crees que el hecho de que tu estés leyendo esta basura justo en este instante es producto de la casualidad??? Simplemente hemos de pensar un poco en la cantidad de realidades que tuvieron que producirse en un momento determinado (me da vértigoel simple hecho de intentar hacer una simple cronología de ellos) para que esto fuera posible
Sinceramente, no me puedo negar al hecho de que es algo más que casualidad que aquella mujer se sentara a leer el mismo libro en caracteres japoneses aquella mañana y en aquel lugar.