Hacía tiempo que no escuchaba algo parecido dentro del mundo del jazz femenino. Es cierto que en los últimos años han surgido nuevas figuras de un altísimo nivel: Krall, Sonya Kitchell, Casandra Wilson, Madeleine Peyroux.... en fin. podríamos estar enumerando voces un buen rato.
La cuestión es que hace no mucho encontré por casualidad a Esparanza Spalding, brasileña de 23 años (podría ser perfecta para mí, porque no) que ha provocado, desde mi punto de vista, un sentimiento comparable al que produjo McFerrin en su día.
Si obviamos su ineludible belleza y su sigiloso encanto y nos centramos en su modus de fabricar música, no podremos más que admitir la fascinación ideal ante nos produce tal cantidad de nuevos ideales dentro del munod del jazz.
Y es que esta niña, tan solo con su voz y su contrabajo al hombro ( fórmula ya de por sí totalmente fascinante), ha aportado un aire que sólo puede ser clasificado de manera individual y personal. Tal como haríamos con Jaimie Cullum.
Necesitamos más Spaldings.
Más aire; y no cualquier aire que sólo contenga O2.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario